MEMORIAS Y ECLIPSES

domingo, 16 de julio de 2017


MI OLVIDO



Dónde exista mi olvido, irán mis pasos.
Danzando con suavidad extrema,
tranquila, por senderos de duras rocas,
rozando mis pies, las frías piedras.
El olvido irá, con mi existencia,
sobre mis pasos, sobre la hierba muerta,
en busca de ella, que se lleve mi pena.

Dónde exista mi olvido, irán mis pasos.
Y en el camino, el bosque gris, hambriento,
se alimentará, descarnando mi llanto
como un buitre al acecho, carroñero,
se llevará mi olvido, se llevará el recuerdo,
de mis grandes males, de mis dulces sueños.

Dónde exista mi olvido, irán mis pasos.
Crecerá la hierba, de color pardo.
Dónde vaya ella, añoraran mis besos,
a ese dulce sueño, que arrastró mi olvido,
que arrastró mis pasos.

Ónice Canet



lunes, 19 de junio de 2017

OJOS AUSENTES






Siento mis ojos ausentes…
Noto a mis ojos rebuscar, en el huracán de mi soledad.
Y oigo el rumor de las olas, que lentamente, van quebrándose,
al sentir, el murmullo de mi ausencia.

Mi alma huye desesperada,
mientras sigue escuchando, como un silbido  inmortal,
el tono de voz que tus olas desgarran
al romper junto a tu lecho nupcial.

Mi corazón se ha quedado en calma.
Pero mis ojos, siguen ausentes…
El viento sacude tu fina arena
ofreciéndole tu pureza, a las nubes.

Yo, me sumerjo en tu mundo
que me va envolviendo poco a poco.
Lentamente.

Mis ojos han caído en el agua de tu calma.
Mi ausencia ha resbalado entre tu turbulenta marea.
Se ha disipado el día.
Dejando paso, a la noche estrellada.

Tu sonido, tu voz, tu cuerpo me roza,
queriendo habilitar, a mis ojos ausentes.
Tu espuma blanca colma mi dicha.
                                                                   Dejando amarrada, la ancla vieja.

domingo, 14 de mayo de 2017

"The Haunting" - Kamelot ft Simone Simons- Traducción por Dryell

video



Simplemente el sonido de tú voz
me hizo creer que…
que tú eras ella,

Así como el ruido del arroyo que perturba
...mi paz interior.

Una vez pensé que podría encontrar
Al menos un rastro de su amada alma.
Una vez creí que ella lo era todo.
Y entonces (ella) sofocó mis creencias.


Una fría noche de invierno,
Podría seguir su voz hasta el río.
Déjame por ahora y por siempre,
Déjame mientras puedas.


En algún lugar en tiempo,
Te encontraré y te perseguiré nuevamente,
Como los vientos que barren la tierra,

En algún lugar en tiempo,
Cuando no quedan más virtudes para defender,
Habrás caído profundo.


Yo era un farsante en cada disputa,
Yo goberné las fuerzas que impulsaron tu odio,
Cuando el frío en mi corazón se marche,
Vendrá un fin,
         Y en silencio me iré a dormir.



Cómo podría repetirse aquella primera vez,
Cuando los recuerdos perduran,
Siguen y siguen,

Qué me hizo pensar que tú eras ella,
“Helena” está muerta del todo,
Muerta del todo!


Nada puede traerla de vuelta a la vida,
No pretendas que me enamore de ti.
Una vez convencido que se ha ido para siempre:
Arruinado por dentro he de estar.

Déjame por ahora y por siempre,
Déjame mientras puedas.



En algún lugar en tiempo,
Te encontraré y te perseguiré nuevamente,
Como los vientos que barren la tierra,

En algún lugar en tiempo,
Cuando no quedan más virtudes para defender,
Habrás caído profundo.


-Sígueme en la luz.
                              (-Como hielo en un lago de lágrimas
                                                  a través de él te llevaré,)
-Déjame esta noche.
He ido demasiado lejos para empezar de nuevo…
                                           (-La vida se desvanece nuevamente… )
…Con alguien como tú



Interpretacion y Traduccion por Dryell.


Song: The Haunting (Somewhere In Time)
Artist: Kamelot feat. Simone Simmons.
Album: The Black Halo
Release Year: 2005.

Vocals: Roy Khan / Simmone Simmons.
Guitars: Thomas Youngblood
Bass: Glenn Barry
Drums: Casey Grillo.
©Kamelot


************ Canción de Ana **********


Burla cruel de tu reflejo,

Marioneta triste del espejo.

¡Oh! voz sigilosa, oración suicida

Prendido de tus ojos, un despojo perfecto.



Eres una suicida a la moda,

Acreedora del cadáver más bello,

Fugaz devoción perdida,

¡Oh! vanidad, tu pecado predilecto.



¡Oh! la oración silente,

El verso suicida latente

Utópica distorsión,

Calma hambrienta de amor.



Falsa ataraxia de momentos intransigentes,

Grito reprimido de un ánima inmolada,

Crepitar sórdido de una bella muerte.

Oh céfiro de la pura insania.



Tan seca, mortecina, furiosa

¡Oh! mi bella y muerta Ana.

  Fuiste alimentada
                 sólo por un bulímico deseo.

Arcano XL.


Arcano fue compañero y amigo en un portal de poesía hace muchos años,
No volví a saber de el, pero hace un tiempo encontré parte de su obra en un blog; un blog abandonado por cierto.
Aquí compartiré parte de su obra, por gusto, desde luego, pero también esperando que tal vez esto le permita hallar este blog y comunicarse de nuevo.
Todos los derechos le pertenecen. 

sábado, 25 de febrero de 2017


INOCUA




La palabra muere,
sin aliento,
como incienso
consumado
en tu boca.

Tu voz se aleja,
sepultada…
con el susurro
encarcelado
en mis oídos.

Como una gota
inocua
insulsa
la palabra desvanece
en la memoria

La abraza el silencio…
Muere tu palabra
descalza
en mi boca.

miércoles, 31 de agosto de 2016

LINEAS EN EL MAR

LINEAS EN EL MAR





Líneas azuladas, navegantes ondas
marinas que surcáis, indomables,
libres, contracorriente… En vuestra voluntad
emerge la luz de las profundidades,
del abismo azul tan conocido,
tan desconocido por el hombre.

Espejo que  en movimiento titubea
bajo el cielo (sobre ese que se cierne
ante las aguas saladas), y corretea
con las aves guardianas del mundo,
con las formas blancas de algodón
que dibujan gráciles la atmósfera.

Inmensidad. Pradera de corales,
de rojos y blancos arrecifes
que a los cuerpos sumergidos acarician…
Piélago que murmura, que susurra
deleitable en los tímpanos salados,
una dulce melodía de libertad
que serpentea entre las aguas cálidas
y en el horizonte, dibuja el viento
oleajes nacarados de suaves pinceladas.


Aguas que me hipnotizan con el salitre
abrigando a mis poros. ¡Que me sumergen
entre sus olas! Marejada tenue
 de brazos abiertos que aún es tempestad,
a mis ojos regalan nevadas blancas,
que a la orilla, como sirenas
varadas a enredarse en mis tobillos...


Me trae la calma esta magnitud.
¡Este profundo mar desnudo
 que se muestra ante mi vista
enriqueciéndome el alma!


Ónice Canet



jueves, 11 de febrero de 2016

Los gatos de Ulthar -- H.P. Lovecraft ****( Cuento corto completo)****

Se dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado.

En Ulthar, antes de que los ciudadanos prohibieran la matanza de los gatos, vivía un viejo campesino y su esposa, quienes se deleitaban en atrapar y asesinar a los gatos de los vecinos. Por qué lo hacían, no lo sé; excepto que muchos odian la voz del gato en la noche, y les parece mal que los gatos corran furtivamente por patios y jardines al atardecer. Pero cualquiera fuera la razón, este viejo y su mujer se deleitaban atrapando y matando a cada gato que se acercara a su cabaña; y, a partir de los ruidos que se escuchaban después de anochecer, varios lugareños imaginaban que la manera de asesinarlos era extremadamente peculiar. Pero los aldeanos no discutían estas cosas con el viejo y su mujer; debido a la expresión habitual de sus marchitos rostros, y porque su cabaña era tan pequeña y estaba tan oscuramente escondida bajo unos desparramados robles en un descuidado patio trasero. La verdad era, que por más que los dueños de los gatos odiaran a estas extrañas personas, les temían más; y, en vez de confrontarlos como asesinos brutales, solamente tenían cuidado de que ninguna mascota o ratonero apreciado, fuera a desviarse hacia la remota cabaña, bajo los oscuros árboles. Cuando por algún inevitable descuido algún gato era perdido de vista, y se escuchaban ruidos después del anochecer, el perdedor se lamentaría impotente; o se consolaría agradeciendo al Destino que no era uno de sus hijos el que de esa manera había desaparecido. Pues la gente de Ulthar era simple, y no sabía de dónde vinieron todos los gatos.

Un día, una caravana de extraños peregrinos procedentes del Sur entró a las estrechas y empedradas calles de Ulthar. Oscuros eran aquellos peregrinos, y diferentes a los otros vagabundos que pasaban por la ciudad dos veces al año. En el mercado vieron la fortuna a cambio de plata, y compraron alegres cuentas a los mercaderes. Cuál era la tierra de estos peregrinos, nadie podía decirlo; pero se les vio entregados a extrañas oraciones, y que habían pintado en los costados de sus carros extrañas figuras, de cuerpos humanos con cabezas de gatos, águilas, carneros y leones. Y el líder de la caravana llevaba un tocado con dos cuernos, y un curioso disco entre los cuernos.

En esta singular caravana había un niño pequeño sin padre ni madre, sino con sólo un gatito negro a quien cuidar. La plaga no había sido generosa con él, mas le había dejado esta pequeña y peluda cosa para mitigar su dolor; y cuando uno es muy joven, uno puede encontrar un gran alivio en las vivaces travesuras de un gatito negro. De esta forma, el niño, al que la gente oscura llamaba Menes, sonreía más frecuentemente de lo que lloraba mientras se sentaba jugando con su gracioso gatito en los escalones de un carro pintado de manera extraña.

Durante la tercera mañana de estadía de los peregrinos en Ulthar, Menes no pudo encontrar a su gatito; y mientras sollozaba en voz alta en el mercado, ciertos aldeanos le contaron del viejo y su mujer, y de los ruidos escuchados por la noche. Y al escuchar esto, sus sollozos dieron paso a la reflexión, y finalmente a la oración. Estiró sus brazos hacia el sol y rezó en un idioma que ningún aldeano pudo entender; aunque no se esforzaron mucho en hacerlo, pues su atención fue absorbida por el cielo y por las formas extrañas que las nubes estaban asumiendo. Esto era muy peculiar, pues mientras el pequeño niño pronunciaba su petición, parecían formarse arriba las figuras sombrías y nebulosas de cosas exóticas; de criaturas híbridas coronadas con discos de costados astados. La naturaleza está llena de ilusiones como esa para impresionar al imaginativo.

Aquella noche los errantes dejaron Ulthar, y no fueron vistos nunca más. Y los dueños de casa se preocuparon al darse cuenta de que en toda la villa no había ningún gato. De cada hogar el gato familiar había desaparecido; los gatos pequeños y los grandes, negros, grises, rayados, amarillos y blancos. Kranon el Anciano, el burgomaestre, juró que la gente siniestra se había llevado a los gatos como venganza por la muerte del gatito de Menes, y maldijo a la caravana y al pequeño niño. Pero Nith, el enjuto notario, declaró que el viejo campesino y su esposa eran probablemente los más sospechosos; pues su odio por los gatos era notorio y, con creces, descarado. Pese a esto, nadie osó quejarse ante la dupla siniestra, a pesar de que Atal, el hijo del posadero, juró que había visto a todos los gatos de Ulthar al atardecer en aquel patio maldito bajo los árboles. Caminaban en círculos lenta y solemnemente alrededor de la cabaña, dos en una línea, como realizando algún rito de las bestias, del que nada se ha oído. Los aldeanos no supieron cuánto creer de un niño tan pequeño; y aunque temían que el malvado par había hechizado a los gatos hacia su muerte, preferían no confrontar al viejo campesino hasta encontrárselo afuera de su oscuro y repelente patio.

De este modo Ulthar se durmió en un infructuoso enfado; y cuando la gente despertó al amanecer ¡he aquí que cada gato estaba de vuelta en su acostumbrado fogón! Grandes y pequeños, negros, grises, rayados, amarillos y blancos, ninguno faltaba. Aparecieron muy brillantes y gordos, y sonoros con ronroneante satisfacción. Los ciudadanos comentaban unos con otros sobre el suceso, y se maravillaban no poco. Kranon el Anciano nuevamente insistió en que era la gente siniestra quien se los había llevado, puesto que los gatos no volvían con vida de la cabaña del viejo y su mujer. Pero todos estuvieron de acuerdo en una cosa: que la negativa de todos los gatos a comer sus porciones de carne o a beber de sus platillos de leche era extremadamente curiosa. Y durante dos días enteros los gatos de Ulthar, brillantes y lánguidos, no tocaron su comida, sino que solamente dormitaron ante el fuego o bajo el sol.

Pasó una semana entera antes de que los aldeanos notaran que, en la cabaña bajo los árboles, no se prendían luces al atardecer. Luego, el enjuto Nith recalcó que nadie había visto al viejo y a su mujer desde la noche en que los gatos estuvieron fuera. La semana siguiente, el burgomaestre decidió vencer sus miedos y llamar a la silenciosa morada, como un asunto del deber, aunque fue cuidadoso de llevar consigo, como testigos, a Shang, el herrero, y a Thul, el cortador de piedras. Y cuando hubieron echado abajo la frágil puerta sólo encontraron lo siguiente: dos esqueletos humanos limpiamente descarnados sobre el suelo de tierra, y una variedad de singulares insectos arrastrándose por las esquinas sombrías.

Posteriormente hubo mucho que comentar entre los ciudadanos de Ulthar. Zath, el forense, discutió largamente con Nith, el enjuto notario; y Kranon y Shang y Thul fueron abrumados con preguntas. Incluso el pequeño Atal, el hijo del posadero, fue detenidamente interrogado y, como recompensa, le dieron una fruta confitada. Hablaron del viejo campesino y su esposa, de la caravana de siniestros peregrinos, del pequeño Menes y de su gatito negro, de la oración de Menes y del cielo durante aquella plegaria, de los actos de los gatos la noche en que se fue la caravana, o de lo que luego se encontró en la cabaña bajo los árboles, en aquel repugnante patio.

Y, finalmente, los ciudadanos aprobaron aquella extraordinaria ley, la que es referida por los mercaderes en Hatheg y discutida por los viajeros en Nir, a saber, que en Ulthar ningún hombre puede matar a un gato.



 H.P. Lovecraft